
La Inefable Soberana Primordial me ha ordenado escribir esto cuanto antes, sin adornos y sin excusas. Así que obedezco.
Ayer tarde fui a la playa nudista del Mago cómo se me ordenó. Completamente depilado, sin taparme y sin intentar disimular lo que soy. Me tumbé boca arriba, caminé por la arena, me senté en la orilla y entré y salí del agua varias veces sin esperar al momento perfecto para hacerlo, dejando que mi cuerpo andrógino quedara totalmente expuesto delante de quien quisiera mirarlo.
Y la realidad fue humillante, aunque me cueste admitirlo.
Entre todos los hombres desnudos que había en la playa, yo tenía la pollita más pequeña. Lo comprobé bien para asegurarme de que era cierto. Vi un mínimo de treinta pollas y todas eran más grandes que la mía. Algunas eran incluso verdaderos pollones. Yo, en cambio, destacaba por ser el que tenía las tetitas más marcadas de todos los hombres, mientras ellos tenían el pecho plano. Todavía pequeñas, pero ya claramente formadas y puntiagudas. Lo suficientemente visibles como para que cualquiera que me mirara supiera que mi cuerpo no es el de un hombre normal.
Era el más pequeño, el más ridículo y el más expuesto de toda la playa.
No hizo falta que pillara a nadie riéndose en mi cara o señalándome con el dedo. Bastaba con estar allí. Caminando y tumbándome entre hombres normales mientras mi pollita XS y mis tetitas quedaban a la vista de quien quisiera mirar. Me sentí muy observado, algunos miraban con curiosidad y otros lo hacían con lástima, porque era evidente que yo no estaba allí como un hombre más, sino que destacaba como un perdedor andrógino y por estar en el último lugar de la categoría de los hombres.
Vi suficientes hombres desnudos como para entenderlo sin poder refugiarme en ninguna excusa. La comparación era real, directa y reveladora.
Intenté mantener la cabeza alta, y caminar como si aquello no me afectara. Pero era imposible no notar las miradas. Cada vez que pasaba junto a otros hombres, cada vez que me tumbaba boca arriba o salía del agua, era consciente de que mi cuerpo estaba llamando demasiado la atención. Mi pollita XS se veía todavía más pequeña y encogida cuando salía del agua, y mis tetitas pera quedaban a la vista sin poder ocultarlas.
Intenté convencerme de que era liberador. Intenté decirme que estaba siendo valiente y auténtico. Que no esconderme era una victoria.
Pero la realidad es mucho más simple: mi cuerpo era el más patético y ridículo. Notaba las miradas. Sabía que era el que tenía la pollita más pequeña de toda la playa. Sabía que mi cuerpo llamaba la atención precisamente por lo inferior que resultaba. Y aunque intenté disimularlo, la vergüenza estaba ahí, constante, debajo de cada paso.
Yo era el que intentaba parecer tranquilo mientras me movía entre hombres de verdad sabiendo que no podía competir con ninguno.
No fui allí a sentirme libre. Fui allí porque me ordenaron que me colocara en una situación en donde se demostrara si mi inferioridad es real o pura fantasía. Y acabó demostrándose exactamente lo que soy: un perdedor andrógino con tetitas pera y una pollita XS que se paseó desnudo por la playa mientras la gente lo miraba como lo que era: un maricón fracasado que ya no tiene nada de hombre.
Y ahora queda escrito.
Lo escribo porque la Inefable Soberana Primordial me lo ha exigido. Porque ella quiere que quede constancia de lo que fui realmente aquella tarde: un eunuco patético, expuesto y observado, que fue el más pequeño y el más ridículo de toda la playa.
Fui. Me mostré. Me comparé. Y perdí.
Gracias, Inefable Soberana Primordial, por hacerme ver de forma tan clara y sin posibilidad de negar lo patético que soy. Ahora tengo aún más claro que las Diosas ya me rechazaron para siempre, y que mi lugar es el de un maricón fracasado que solo sirve para ser usado, comparado y humillado por hombres de verdad.
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